
La receta se proyectaba como el cocktel gangsteril de los últimos tiempos -a pesar de estar ambientada en otra época-. Postulaba a ser la legítima sucesora de la notable The Departed. Una cucharada de Denzel Washington y otra de Rusell Crowe, sazonada con toda la onda funky setentera, y revuelta con un roble llamado Ridley Scott. No había justificación para perderse sendo pastel. Ahora que la vi, creo que si hay detalles para dejar de lado esta opción.
En American Gangster poco hay de mafia siciliana, tampoco cosas con olor a pastas y “padrinos”. Esto se trata netamente de una película de “gangstas” negros seteteros y sus respectivos policías blancos que los perseguían. A pesar de no tener bling-bling, ni retratar la actualidad del traficante-sobrado-hip-hopero-malo -cosa que se agradece-, no logra ser el peliculón que proyecta ser en su sinopsis.
Un lord de Harlem cae y otro, como buen padawan, se levanta. Ambicioso, religiosos, violento y adicto a la familia. Adjetivos resaltan en el listado de características que no se aprovechan a concho en la película o que, en casos, la adicción a ellos es demasiada. Perfectamente podría ser una historia rápida, sin mucho estancamiento en detalles irrelevantes sobre los que se recae una y otra ves, como por ejemplo el fracaso matrimonial del policía.
El desgaste de la trama se reflejado en el poco ánimo de mostrar bien a los personajes. Tenemos conocimiento de que ambos actores pueden tener actuaciones soberbias, sobre todo Washington*, pero el intento de paralelo policía/delincuente no los deja explayarse. En una serie de escenas cortas -sobre todo al comienzo-, donde estos personajes que pueden ser muy bien explotados son retratados superficialmente.
Ridley Scott en Gladiator tenía todo controlado, lo mismo en Black Hawk down. Sin embargo, esta historia de gángsters como que se le fue de las manos. No logró sacarle el jugo a sus actores, facturó 160 minutos a ratos con sabor a sedantes, y fue descuidando detalles técnicos. Cosa que ya tenía antecedentes en Kingdom of Heaven.
Aquellos deslices están plasmados en una serie de jump-cuts, unas veces groseros, otras imperceptibles, con lo que logra asesinar el buen tratado de imágenes de la película. Esos típicos tonos de film antiguo o de “fotografía de las épocas mozas de nuestros padres”, en donde los tonos opacos, lechosos y de RGBs irregulares, dejaban a la vista una mística setentera.
Pero la visual logra salir adelante, apoyada sobre todo por la música. Si bien ésta no está llena de sonidos pegajosos tipo, Roy Ayers, si tiene una química compenetrada con lo que se vivía en esta época. Ese almidón musical negro que tan ameno al oído es, se encuentra presente en el nivel musical, dejando una huella de los que fueron lo mejor de las blaxploitation en los 70′s. Suena fuerte en un momento “Across the 110th street” de Bobby Womack… uuuhhhh, escalofríos.
Respeto la película por los próceres involucrados en ella, por sus antecedentes, pero no por el resultado final. Guiños pequeños del trailer, me hicieron tenerle fé en su momento. Después de imágenes que no aparecen en las películas, el adelanto de Disturbia o la virtuosidad de los montajistas de sinopsis, aprendí por fin a no confiarme de aquellos insípidos dos minutos que dicen tanto, pero nada a la vez.
*(Véase: Malcolm X, Inside Man, Training day, He got game, etc., etc.)












Por Biscuit - feb 29, 2008 | Responder
soberbio comentario
también le tenía fe
y no alcancé a llegar!
pero igual quiero verla, jaja
Por De lo que se nos ocurra - mar 4, 2008 | Responder
Jajaja, parece que has tenido una decepcionante cartelera oscarística.