Hay ciertos filmes que poseen un doble valor para la posteridad. Tanto por la innovación (o perfección) técnica con la que usan los recursos que otorga el arte cinematográfico, como por su sincronización con la época en que fueron realizados.
2001, Odisea del Espacio, de Stanley Kubrick, posee ambos méritos. Filmada en 1968, un año antes de la llegada de Neil Armstrong a la Luna, también coincide con la revolución universitaria de mayo, ésa que tenía como lema: “Seamos realistas, pidamos lo imposible”.
¿Qué era lo imposible para la humanidad de esos años? Un viaje al espacio, descubrimientos estelares que revelaran nuestro origen, desarrollar máquinas que no precisaran del homo sapiens para funcionar. Y sin embargo, la realidad mostró que no existían “imposibles” para el desarrollo.
Y aunque para nuestros tecnologizados ojos causa gracia la forma en que el cineasta imagina la convivencia del hombre en el espacio (con una cafetera muy american life de los años 60), también admiramos la forma en que a través de los mismos elementos simples (formas geométricas y luces de neón) consigue plantearnos más preguntas que respuestas, en relación a “Qué somos y hacia dónde vamos”.
No debe extrañarnos que la fe en la humanidad esté enlazada con la certeza de que el desarrollo científico nos hará mejores. La dualidad (o rivalidad) hombre–máquina es un tópico frecuente en la ciencia ficción. Y siempre existe el temor del ser humano a ser derrotado por su propia creación.
Empero, ¿Cuál es la odisea, a la que alude el título de esta película? ¿La tecnologización del ser humano? ¿La búsqueda de la chispa que nos hizo salir del estadio cavernario? ¿La disputa entre HAL-9000 y los humanos a los que debía obedecer? ¿La evolución final del ser humano, simbolizado en ese niño mirando al espacio?
Muchas preguntas que quedan dando vueltas. Y considero que es su mayor mérito. Tantas interrogantes que no podemos responder, hace que en su búsqueda, no la olvidemos con facilidad.
Porque, asumámoslo: no se trata de una película digerible de una sola pasada. Tres historias, que más bien parecen fragmentos o instantáneas, que (aparentemente) no tienen relación entre sí, se suman hasta conseguir un efecto perturbador.
No hay un protagonista definido: ¿Quién, a la larga, es el que debe vivir la Odisea? Una humanidad entera, perdida entre rumbos que ella misma se ha encargado de volver confusos. Los hombres quisieron buscar respuestas a través de la instrumentalización de la sociedad, construyendo máquinas capaces de pensarlo todo, de preverlo todo y de destruirlo todo, también.
2001 no es una película sencilla y cada persona puede obtener su propia moraleja, pero como buena historia serpentina, termina mordiéndose la cola y mostrando, tal vez, la única manera en la cual consigamos desentrañar el misterio de nuestro origen: el asombro y la inocencia de la infancia.













Por ridiux - ene 21, 2009 | Responder
…sigo sin entender…que es ese paralelepído gris..
Por daniel araneda reyes - ene 22, 2009 | Responder
Es muy densa esa pelicula
pero no entiendo muy bien el final
porke el ultimo hombre ke viaja
despues de ver el mesolitio o no se komo se llama ?????