Ayer fui donde mis primos y pasamos la tarde viendo Horton y el Mundo de los Quién. ¿Por qué podría hacer un comentario de una película para niños? Porque esta película no sólo nos ayuda a situarnos en el espacio, sino que también reivindica el “discurso de la locura”.
*WARNING: Mucho jugo.
Horton es un elefante fiel, amigable, entretenido y muy testarudo. Un día, su agudo oído escucha unas voces que surgen de la nada… No, alto, surgen de una partícula. Cuando puede establecer contacto con las voces de la partícula, descubre que son seres que habitan un mundo llamado Villaquién. La extraña noticia llega a oídos de Kangaroo, la jefa de la jungla, y no le gusta para nada.
Las ideas que van contra lo establecido son peligrosas. Quienes las promulgan pueden ser considerados locos, revolucionarios, instigadores y/o antisociales. El pobre elefante se ve marginado por sus vecinos de la jungla, ya que “le mete ideas raras a los niños” al decirles que existe un mundo invisible, inaudible, intocable y todo eso.
Pero los habitantes de Villaquién tampoco le creen a su alcalde, el único que ha escuchado hablar a Horton, cuando dice que existe un elefante enorme en el cielo.
El escepticismo, la idea de creernos únicos en el Universo, el miedo a que nuestra concepción de la realidad se vea destrozada por algo inexplicable, el temor a lo desconocido y la amenazante idea de que no toda la realidad puede ser captada a través de los sentidos son algunos de los conceptos que se muestran en este film. Ideas que la filosofía, la astronomía y otras ciencias y corrientes han tratado de explicar se conjugan tranquilamente en un cuento para niños.
Traten de llevarlo a la vida real. ¿Qué pasaría si una voz surgiera del cielo y dijera que todo lo que conocemos por M U N D O está en problemas? Sistema Solar, Vía Láctea, Universo Conocido, etc. ¿Y qué pensaríamos si esa misma voz dijera que vivimos en una miserable partícula? O peor aún, ¿qué pensaríamos si un tipo X dijera todo eso? Nadie podría creerlo. El pobre tipo tendría que verse obligado a hacer milagros para recibir atención.
En el caso de Horton, las reacciones de los animales son casi calcadas a las que podríamos tener los seres humanos. La masa se deja llevar por quien muestra argumentos acordes con el sentido común y se burla y rechaza a quien piensa distinto, tildándolo de “mala influencia” y “loco”. O lo llaman genio y lo felicitan si logra demostrar su teoría rupturista. Ya saben lo delgada que es la línea entre la genialidad y la locura.
De más que, después de verla, los cabros chicos le preguntarán a los papás “¿Es cierto que pueden existir mundos tan pequeños?”, y los papás tendrán que responder “Sí, hijo. Nosotros somos uno y nuestro elefante salvador que vive en el cielo se llama Dios”. Pero eso sería meterse en las patas de los caballos, por lo que dirán que es sólo una película y punto.













Por acme - may 13, 2008 | Responder
ajjaja… encuentro genial la reflexión filosófica a partir de Horton. En realidad no he tenido la oportunidad de verla, pero siempre me he preguntado de qué forma las películas pueden lavar cerebros de manera subliminal a los más chicos.