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feb
5th

Invictus: Un golpe más

Archivado en Cine, Comentarios, Noticias, Trailers | Dirigido por Guille

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Por mucho que se diga, Eastwood es una  joya que se mantiene quieta dentro de su jaula de cristal. No es sorprendente por tanto el encontrarse con otra buena película bajo su brazo, que sigue la tradición del incombustible veterano: cine sin artificios técnicos, jugado por encontrar el punto justo de ebullición de emocionalidad de sus personajes. Invictus es distinta dentro de su catálogo fílmico, pero es tan eastwoodiana como cualquiera de ellas.

Basado en el libro Playing the Enemy: Nelson Mandela and the Game That Changed a Nation, del periodista inglés John Carlin, la película se plantea un primer objetivo esencial: llevar a la pantalla grande una historia más grande que la vida, un suceso que, siendo verídico, parece sacado de la ficción. De esa forma, el estoicismo cinematográfico del macerado Clint provee un seguro de garantía, en tanto su sentido estético se ha perfeccionado en representar historias cuyo grado de realismo sea verosímil a pesar de las condiciones extraordinarias en que son presentadas. La trama que sigue la aventura de Nelson Mandela por transformar al rugby – y el próximo Mundial que se llevará a cabo en la misma Sudáfrica – en una instancia de unión para un país dividido por las resonancias político-sociales del Apartheid, se teje de manera concreta, sin escapar a mayores desviaciones argumentales, ni permitiendo la entrada de discursos de corte fuertemente político (asunto que podría haber sido interesante, aunque hasta cierto punto inescrutable…). En las manos de Eastwood todo está controlado, quizás demasiado controlado, por lo que la película se siente, en cierta manera, cocinado por la ideología de un cineasta profundamente conservador, pero muy consciente de la necesidad – políticamente correcta –  de observar ambos lados de la moneda.

La película es un intento permanente por lidiar con el significado de unir una nación cuyo pasado se encuentra minado, y realizar esa unión desde el lugar del antiguamente oprimido. Lo interesante es la estrategia misma: siendo lo más ecuánime posible, y a la vez ensalzando – divinizando, dirían los más exagerados – sin displicencias las figuras históricas de los protagonistas reales del suceso. Esto se logra a nivel actoral, con un Morgan Freeman fino, concentrado, y consciente de la dificultad de interpretar a alguien del carisma de Nelson Mandela; y un Matt Damon que mantiene eficazmente el difícil equilibro de interpretar un líder humano, inspirador pero dubitativo, sagaz pero imperfecto, como lo demuestra en los zapatos del capitán del equipo de rugby sudafricano, Francois Pienaar.

La ventaja de la película en cierta manera pasa por la extraña sofisticación con que sus elementos son hervidos. Ya sea por el ajustado guión, o las actuaciones exageradas-pero-verosímiles, o el ojo de un Eastwood que no gusta irse por la tangente, se logra construir un producto que efectivamente convoca en torno a su sentido: pequeños hombres enfrentados a grandes circunstancias, que se transforman en héroes en el camino (recordemos la olvidada “Space Cowboys” de 2000, dónde tal subtexto alcanza ribetes cuasi-burlescos, pero fuertes) No obstante, hay otro valor marca-de-la-casa-Eastwood que no se escapó en la ecuación, especialmente como el sazonador extra que todo buen clímax requiere: una muy bien lograda artesanía para relatar los momentos dramáticos, una suerte de maestría para dotar de suspenso los instantes dónde las emociones de los personajes protagónicos resaltan como paladines románticos.

En síntesis, Invictus no provee nada novedoso ni exuberante a la filmografía de un director cuyo laureles ya le compraron un ticket al panteón de los grandes directores norteamericanos. En cierta forma una exploración, en cierto modo un testimonio, la película es un escalón ascendente más, que gustará a los seguidores de Eastwood, mientras intenta ser una muy buena opción para una audiencia masiva en constante búsqueda de aquella-buena-historia que nos permita reflexionar sobre la importancia de la voluntad. A la vez que instala las críticas de rigor sobre el siempre esquivo planteamiento discursivo de un hombre al cual poco y nada más se le debe pedir.

 

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Una Respuesta en “Invictus: Un golpe más”

  1. Por Sylvia Muñoz - feb 17, 2010 | Responder

    Invictus se instala a miles de kilómetros de distancia de las demás creaciones de Eastwood. La diferencia radica en lo siguiente: desde dónde se cuenta la historia. Mientras vemos que la anterior filmografía de este director tiene como factor común la heroicidad de sujetos cotidianos que batallan contra las convenciones sociales y los vacíos de la ley, en este caso se exagera la capacidad de un hombre, por más humanitario que sea, para saldar las injusticias y la discriminación arraigada en un país, convirtiendo -desde mi punto de vista- el acto heroico en una exageración poco creíble.

    Para ser realistas debemos aspirar a lo imposible, el cine es un lugar desde el que esto se puede realizar, pero no se deben obviar las complejidades que se esconden detrás de aberraciones como las vividas en Sudáfrica . Una cosa es tener ilusión y otra ser iluso.

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